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El grito es el recurso que utilizan los que buscan la justificación de sus actos. Algunas veces, hablar más alto o escribir con mayúsculas sin aportar pruebas, el insulto y la falta de respeto suelen ser las armas del apocado. Pero el pueblo al que yo también quiero es un pueblo maduro y adulto. Cuando alguien da por hecho que la gente a la que critica es responsable de sus acusaciones, sin un juicio justo, transforma la opinión en sentencia o juicio de valor.
Efectivamente, si llegara a demostrarse que no se presentó proyecto ni se contó con la autorización ante quien legalmente competa (incluyendo a los vecinos del pueblo), el camino de la dehesa habría sido asfaltado de manera ilegal, hecho que tampoco demostraría que se hubiera producido un destrozo o atentado ecológico (la misa va por partes). Nadie es culpable hasta que no se demuestre lo contrario.
El rumor y los juicios paralelos están convirtiendo la vida política de Valdemorillo en un gallinero que daña la imagen de un magnífico pueblo. La aireación de bulos, juicios de valor y la distribución de panfletos que pretenden dañar y ridiculizar la imagen de cualquier vecino, sea político o no, obstaculizan el buen gobierno de un pueblo. Las personas que autorizan, promueven, consienten o aplauden estos actos no aman a su pueblo.
Respecto a la dehesa, soy consciente de que la labor de la CCV se desarrolla en los despachos y juzgados, ateniéndose estrictamente a las reglas de la profesión política. Algunos deberían dejar que hiciera su trabajo sin nombrarla como si pareciera cómplice de sus opiniones. Eso, a la larga, repito, le hace un flaco favor.
Una sugerencia: ¿alguien podría decirme si entre el final de la primavera y el principio del verano o, concretamente, durante la ejecución de las obras de asfaltado del camino de la dehesa, alguna especie de ave anida cerca de estas latitudes?
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