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Resulta difícil discernir entre lo real y lo verdadero. Nada de lo que veo y oigo refleja de modo cierto vuestro pensamiento. Sois votados, agasajados con nuestros principios, regalados con la confianza de todo un pueblo, y hacéis vuestro el alma de una comunidad; convertís en poder la servidumbre; negáis la esencia del hombre; y habláis sin decir claro qué es lo que pensáis: confundiendo, mal metiendo, subiendo y bajando al mismo tiempo. Pedís nuestro apoyo con la firme intención de vuestros argumentos, pero luego argüís que si las cosas no marchan es porque aún estáis desayunando, aprendiendo, o porque un ser malévolo os lo impide... y os quedáis tan frescos.
No en vano, desayunar (para tener enchufada la mente), aprender (para obrar más seguro) y desconfiar (para no perder el rumbo) son virtudes que bien aprovechadas servir debieran para convencer... siempre y cuando no te atragantes, no te creas que lo sabes todo, y no pienses que todo el mundo está contra ti.
Por eso... a los que no sois así, a los que os mantenéis fieles a vuestras ideas, a los que no cambiáis cuando las cosas se ponen difíciles, a los que no aprovecháis un “torpiezo” del prójimo para encima echarle tierra encima, a los que buscáis soluciones, a los que preferís descender de momento para tomar aire e intentarlo de nuevo, a los que os mantenéis dignos y no orgullosos, a los que no buscáis inauditas excusas... cuando os encuentre, empezaré a creeros.
“Bajo un gobierno que encarcela a cualquiera de forma injusta, el lugar para el hombre justo también es la cárcel”. Henry David Thoreau.
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