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Juan Falcó: Imprimir E-Mail
Escrito por José Luis Casado Ullán   
sábado, 01 de julio de 2006

EL OFICIO DE OÍR LLOVER

 

Esta carta no defiende una postura. Más bien pretende avisar de forma perentoria, llamar la atención sobre una situación que urge resolver aunque sea tarde. Me refiero al enquistamiento del Director y su gestión en el Colegio Público Juan Falcó de Valdemorillo.

 

Todas las leyes de educación, independientemente de la orientación que las haya inspirado, sostienen que se han de fomentar los comportamientos democráticos en la escuela. La participación, la alternancia y la propia dinámica de una actividad como es la educación exigen un significado que no es otro que la realidad.

 

¿Qué clase de comportamiento democrático es éste, en el que una minoría se perpetúa e impone su actitud a los demás? 

 

Esta carta podría llamarse antipedagógica porque el Director del C.P. Juan Falcó y su equipo, en nombre de la pedagogía, dicen cosas que suenan a esperanto y actúan con cara muy seria a la vez que delirante.

 

No ha sido nunca ni será malo reflexionar, discrepar y proponer en la enseñanza cosas que se apoyan en argumentos y no en frases hechas, y que se puedan cotejar con la realidad, sea para confirmarlas o para desmentirlas.

 

 Todo esto, que se le alcanza a cualquiera, por muy bisoño que sea, parece que se les escapa al Director y al equipo directivo del Colegio Juan Falcó, más preocupados en emitir escritos u opiniones adornadas de solemnidad y falsedad para anular y desacreditar a quienes elaboran sugerencias realizables, o al menos alternativas, que no se resuelven ignorándolas o destruyéndolas.

 

Es razonable quien sabe dialogar, lo cual significa que sabe escuchar cuando se le habla, en lugar de mirar para otro lado. Es razonable quien respeta el derecho de los demás y no arma jaleo con acusaciones falsas adornadas de solemnidad. Es razonable quien no ensucia gratuitamente y a propósito el nombre y el trabajo de otro. Es razonable quien reconoce cuándo se equivoca y sabe cuándo tiene que rectificar y pedir disculpas.

Todas estas cosas tienen un tronco común que se llama EDUCACIÓN.

 

Hay una cita de La Rochefoucauld que expresa y define la situación del Director y su equipo en el C.P. Juan Falcó:

 

“El espíritu se deja atraer, por pereza y por costumbre, a lo que es fácil y agradable. Este hábito pone límites a nuestro conocimiento, y nadie se toma el trabajo de llevar su espíritu todo lo lejos que podría ir”.

 

Todo empezó en el CURSO 2005-06, poco a poco. Al principio todo era normal: trato cordial, agradable, afable, considerado.

 

Cuesta identificar el principio, es tan sutil... (¡Qué raro!, ¿qué pasó?, ¿me he equivocado o se habrá equivocado?).Y todo normal, siempre muy normal. Esto es lo que más confunde, tanto que no te das cuenta. Por eso se aguanta. Así se entra en las redes del Director.

 

Después comienza la lucha por imponer o acallar y todo se convierte en un infierno.

Se crea un silencio denso que aplasta, ya que cuanto más increíble es lo que sucede más difícil resulta contarlo.

 

¿Quién me va a creer? y ¿cómo decir lo que está pasando?

 

Así es, y casi siempre la primera consecuencia es una baja laboral: estrés, ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios, y una situación que ocupa tu cabeza sin saber por qué has llegado hasta aquí...

 

Ha de pasar un tiempo y hay que poner distancia para reaccionar, por eso se tarda en denunciarlo. Y denuncian sólo los que se atreven. A partir de la denuncia, el acoso se hace público, toma vida propia, ya no pertenece solo a los que lo han padecido; ahora, el procedimiento judicial se adueñará de ello.

 

Será largo, doloroso, cuestionable, hostil... Difícil problema este para la justicia: no siempre se pueden demostrar los hechos para saber que son verdad. No hay testigos algunas veces, no hay evidencia (física), no hay constatación (palpable). Son actuaciones ocultas.

 

Con las dosis justas de amenaza -ante el exterior, para que no se note- el Director consigue creer que es invulnerable en su forma de ejercer el poder, y teje una tela de araña alrededor de la víctima que excede el contexto laboral y se inyecta a pequeñas dosis, como el veneno, en la vida personal, sabiendo que ante el terror de su presa nadie le va a descubrir, porque hasta ella le va a ayudar callándose.

 

Esto es lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones: en el principio hay insinuaciones, a veces no verbales, sino actitudinales; se trata de tantear, ver cómo va a reaccionar. El Director es prudente y se protege para no ser descubierto. Cuando lo ve seguro avanza en el contenido, cada vez más descarado, cada vez más explícito, pero siempre tanteando, por si acaso. ¿Que no lo ve claro? Te digo que te has equivocado, niego la evidencia y ofusco, pero mañana vuelvo a empezar. Si no prospera, se pasa a la segunda etapa, donde, por no haber conseguido el objetivo, hago uso de todos los medios que pueda, eso sí, alternando siempre con buen trato, con sensibilidad (?), como todo buen acosador sabe.

 

A estas alturas, al final, lo que importa es la salud. No sé en qué momento acabará esta situación, no sé si algún día se darán cuenta del mal que esta situación ha hecho, no sólo a mí y a otras compañeras que nos hemos ido con sensaciones muy negativas por el trato recibido del Director, al no querer callar lo que él decide mantener callado durante años, sino también a la Escuela de Valdemorillo. Un Director cuyo máximo interés es silenciar, dar la idea de que nunca pasa nada, que todo funciona perfectamente.

 

Dicen que el tiempo lo calma todo; eso dicen... Yo lo que digo es que... ¿nadie va a hacer nada para que este hombre, pegado a un cargo desde hace veinte años o más, pare?

 

La vida nos pone ante alternativas muy difíciles que no se van a resolver ignorándolas.

 

 

 

 

José Luis Casado Ullán


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