|
Escrito por Elendyl
|
|
jueves, 04 de enero de 2007 |
|
Tras pasar diez minutos en la parada del bus a las 7.30 de la mañana, a cero grados, por fin llega el autobús de Beltrán y en lugar de ser un alivio para la tiritona, se convierte en una pesadilla la hora de viaje hasta Madrid. Me quejo al conductor y me dice que está puesta la calefacción, pero entonces no entiendo por qué los cristales chorrean y sale bao por mi boca.
La empresa Arranz y Julián de Castro lleva los cristales transparentes y sus pasajeros duermen plácidamente. Los viajeros de Beltrán llevan los labios morados y no se pueden dormir.
Cite este artículo en su sitio
|