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Tras su oreja al primera de la tarde, parecía que Curro Díaz la iba a liar en Valdemorillo saliendo por la puerta grande. Su primera faena a un toro burraco de Peñajara con profundidad por el pitón izquierdo que el linaerense recibió con clase y muleteo con empaque, adornandose de trincherazos que convencieron al tendido de la calidad del torero.
Y así estaba la plaza, tras un segundo para Cesar Jiménez y un tercero para Salvador Cortes que pasaron sin fuerza por el ruedo trasmitiendo mas tedio que arte, sin que los trencillas pudieran poner más que oficio. Cuando salio el segundo de Curro Diaz, el cuarto de la tarde, y este lo recibió al capote con una tanda de verónicas y medias muy estimable, la plaza ya quería darle el segundo apéndice al torero.
Pero el toro castaño colorao de nombre sombreado se arranco del caballo a veinte metros y, sin hacer caso al lidiador, se metió en el peto con fuerza y trapio. Ahí se acabo el toro. Los de Peñajara que apenas aguantaron una puya y el cambio de banderillas a la segunda se mostraron así de flojos toda la corrida.
Parecía que todo lo que había que hacer ya estaba hecho pero, no hay quinto malo, y salio un toro distraído colorao, al que Cesar Jiménez entendió a la primera. Poco o nada picado, dos banderillas y cambio de tercio, como a todos sus hermanos, y a la muleta.
El fuenlabreño Cesar Jiménez demostró su valía dando sitio al toro, manteniendo la muleta alta y desde los medios dando tiempo al astado entre tanda y tanda para que respirara. De la paciencia y el temple de Cesar Jiménez y la bondad justita de fuerzas del Peñajara salieron naturales largos rematados en la cadera que gustaron mucho a un tendido deseoso de aplaudir.
Suya hubiera sido la puerta grande si hubiera matado a la primera. Lo hizo a la segunda y tras una franca petición del público, Raimundo saco el pañuelo para dar el trofeo al torero que hubiera podido ser el triunfador de la tarde de haber acertado con el acero.
Salvador Cortés, que estuvo porfión con el tercero, un ejemplar deslucido y sin fuerza, pudo cortar trofeo al sexto de la tarde que era el de mayor calidad de toda la corrida, aunque como todos sus hermanos, con poca fuerza y pujanza.
El sevillano saco del toro con la mano zurda muletazos de gran lentitud y limpieza toreándole con sutileza, pero el toro ya se había dejado toda la fuerza contra las tablas del burladero del cuatro, el mismo sitio donde el tercero se había dejado parte de la cuerna.
En resumen, festejo entretenido con los toreros atentos y el ganado bueno, pero falto de fuerza.
Tres cuartos de plaza. Toros de Peñajara de variada tipología (burraco, berrendos, colaraos). De juego desigual y, en general, faltos de fuerza. Bueno el primero y el quinto y de gran clase el sexto, aunque sin fuerza Curro Díaz, oreja y ovación; César Jiménez, silencio y oreja tras aviso y Salvador Cortés, silencio y ovación tras aviso.
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