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Los novilleros desaprovechan el trapio del ganado de los Hnos. Quintas, en una plaza apagada, con un tercio de aforo
Ya en el sorteo de los lotes de por la mañana este reportero tuvo la oportunidad de ver la seriedad y la presencia de los novillos que se iban a lidiar por la tarde. Hablando con el mundillo del toro y sobre todo con Goyo, uno de los Hnos. Quintas, se palpaba que el toro serio, en este caso el novillo, podía volver a Valdemorillo. Solo faltaba ver su juego en el enorme ruedo de Valdemorillo, y este fue encomiable.
El ganado de Colmenar del Arroyo, de encaste Domecq con vacas y sementales de Procampo y Francisco Ortega, entroncados con la ganadería de Alfredo Quintas al inicio de los años 90 no se cayó, lo tiraron antes de la muleta con, a excepción de una, las varas abusivas y los muletazos de los subalternos.
Y a pesar de todo embistieron. Caían, levantaban y embestían.
Se estableció desde el primero de la tarde un dialogo de besugos entre el animal y el torero. El novillo le decía al torero: sácame lo que llevo dentro y el novillero empeñado en mantear ,capotear y muletear sin sentido de la lidia, mas preocupado por ensayar los desplantes, la postura de la mano y la posición de los pies que de entender al novillo para darle una muerte digna, tal y como piden los toros con trapio.
Jesús Robledo Aracil “Tito”
Alguna excepción hubo ante tanta falta de criterio. Nuestro vecino Tito (Jesús Robledo Aracil) planto dos pares de banderillas al tercero y sexto que merecieron una sentidas ovación del tendido. Derrocha oficio el valdemorillense, lo que no se puede decir de todos los subalternos del festejo.
Unas banderillas con mucho riesgo al segundo de la tarde voltearon dos veces uno de los banderilleros, la primera por la taleguilla y la segunda rozando la tripa. La verdad es que pareció que el peligro lo ponia más el banderillero por falta de oficio que por derrochar ánimos. No obstante, el torero estuvo valiente y animo al escaso público.
Pedro Carreño, el de Villaverde, consiguió un apéndice. Notable fue su redondo en la tercera tanda. A este cronista le queda la duda de si fue el magnifico toro, noble, con trapio y corretón el que se animo a dar la vuelta al torero o si fue Carreño el que con su oficio mando a “Piojoso”, que así se llamaba el bicho, detrás de su muleta. En cualquier caso, tras una escasa petición dio la vuelta al ruedo con su oreja.
También recibió una ovación desde el centro de la plaza Javier Cortes en su primero, el tercero de la tarde, tras desaprovechar un colorao que se arranco en varas con una alegría digna de mejores tardes. El madrileño venia de hacer triunfos en Collado Villalba, Quijorna, Navalcarnero y Becerril de la Sierra, pero en Valdemorillo no mostró lo mejor de su arte.
Respecto al jefe de lidia, el sevillano Antonio Nazare recibió un aviso en su primero, se olvido de colocar a sus subalternos y, literalmente a su cuarto, un novillo cuajado, con presencia y cuerna, dejo que lo masacraran en la suerte de varas. Aún así embistió en la muleta…
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