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La política local se ha convertido en una parodia al más casposo estilo de José Luis Moreno. Si antes en los plenos nos conformábamos con los monólogos de nuestra querida alcaldesa, siempre acompañada por una “cla” incondicional que jaleaba sus intervenciones y abucheaba sin cesar los berrinches de la señora Villanueva a quien parece que le escribe los guiones su peor enemigo, ahora contamos con los integrantes de grupo socialista, que no tienen desperdicio.
De él, Luis Herranz, conocido también como “Fantomas”, se dice que es el hermano siamés de su tocayo, Luis Chamarro, personaje que pasa los días en la Casa Consistorial haciendo amigos. De ella, Teresa Lázaro, se cree que tiene dos identidades. Con una se empapa de los problemas del pueblo mientras se pasea disfrazada de repartidor de Coca Cola, mientras que la que todos conocemos solo pisa el pueblo para asistir a los plenos.
De Manolín, paladín del progresismo valdemorillense, que como el Guadiana desaparece y vuelve a aparecer, cada cuatro años, ensimismado en el alfeizar de la ventana del bar chupando las patillas de las gafas, no podemos esperar más de lo que puede dar.
No hay más alternativa a estos cuatro grupos políticos. Los otros tres o cuatro que se presentaron a las últimas elecciones apenas consiguieron sumar un puñado de votos. La figura de Rogelio Baón, que prometía subir el nivel de nuestra política local ha desaparecido del mapa por cuestiones de salud. La renovación interna solo es posible en el PSOE, pero la familia Chamarro se resiste a perder su posición privilegiada.
Después de que el Partido Socialista de Madrid impidiera a Luis Chamarro encabezar la lista por su directa vinculación al ladrillo y de que sus compañeros de agrupación presentaran moción de censura a su dictatorial gestión, él no se ha dado por aludido y, fiel a su particular concepción democrática, se aferra al paraguas del Partido y se mantiene, para sorpresa e indignación de los militantes socialistas, en la Gestora de la Agrupación acompañado de su mujer, María León y de Rosario Salvador, esposa del presidente de la Asociación Río Aulencia, organización que, según reza su Web, está liberada de ambición política, aunque no lo esté tanto su presidente y señora.
¿Qué es lo que nos queda?
Pilar no tiene la menor intención de cumplir su programa electoral y no es capaz de realizar una gestión pública eficaz. El socialismo está asfixiado y cuenta con una militancia abochornada y desconectada de sus representantes en el Ayuntamiento. A los progresistas les falta constancia y presencia en la vida pública que no pueden compensar con espectáculos al estilo de Carlinhos Brown. La independiente, después de sobrevolar los cielos con avioneta, se ha topado con el duro asfalto de Valdemorillo y todavía no se ha recuperado del golpe.
Hay días en los que al despertar me pregunto porqué no me habré mantenido al margen de la política. Otros, sin embargo, recuerdo el lema de la campaña del Pilar “Confianza en el Futuro” y disfruto viendo a María y Luis y a Pepa y Avelino. Cite este artículo en su sitio
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