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Un escalofrío recorrió mi cuerpo, dolía el alma. Una banda de asesinos sin más objetivo que el mal, sin más proyecto que el terror dejaba sin vida a un hombre por una sóla razón, que un día Isaías decidió luchar por su pueblo, pensó que tenía la obligación moral de hacer algo por los demás. Y por eso le han matado. Por no quedarse en su casa y dejar que la vida pase a su lado sin hacer nada por cambiar el destino de los que le rodean. Es difícil de entender y posiblemente esa sea la razón por la que no hay una verdadera respuesta popular, porque nos parece mentira. Pero estamos en un país en el que se mata a gente porque se dedican o se han dedicado, como es el caso, al noble arte de la política. Así de sencillo. Estamos en una nación en la que dos días antes de que el pueblo muestre su voluntad mediante las urnas, una pandilla de bárbaros sin corazón son capaces de matar a un hombre porque tiene unas ideas distintas a las suyas. Estas cosas pasan en España y no podemos tolerarlo. Ni pueden ni saben hacer más, mostrar su cobardía disparando por la espalda a un ex concejal en la puerta de su casa mientras su mujer y una de sus hijas presencian la escena más terrible de toda su vida. Mientras su marido, su padre muere a su lado víctima de la locura de los cobardes. Porque eso es lo fácil, matar por la espalda, lo complicado es conseguir objetivos mediante la palabra, mediante la participación en las instituciones, mediante el convencimiento de los demás. Pero eso es imposible porque tampoco tienen razón en sus olvidadas reivindicaciones. Sin embargo, persisten en su locura a pesar de que deben saber que jamás con una pistola en la mano conseguirán su meta. O es posible que ya no tengan más objetivo que matar.
Desde esta modesta posición, pido a los que pueden hacerlo que se den la mano y caminen juntos en la senda del compromiso único sin banderas políticas ni azules ni rojas ni de ningún otro color, sólo la bandera blanca de la paz, de acabar de una vez por todas con estos miserables que han hecho de los increíble una escena cotidiana. Ahora lloramos, la tristeza se queda a vivir durante unos días en nuestras almas y miramos hacia abajo sin saber que debemos tener la cabeza alta. El terrorismo debe ser siempre una razón de estado y nada se ha de hacer sin el consenso de todos, de absolutamente todos porque sólo unidos se acaba con las lacras.
Pero el recuerdo de Isaías Carrasco, de su mujer y sus hijos debe permanecer siempre en las mentes de los que deciden porque sólo así se logrará acabar con ETA, sólo si los políticos tuvieran siempre en su menta la misma escena que perseguirá para siempre a la mujer y la hija de un hombre que un día luchó por su pueblo. Descanse en paz. Cite este artículo en su sitio
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